El abandono del interés general
Enviado porwebmaster el Viernes, 16 marzo a las 14:24:39
Contribución de webmaster
Reproducimos por su interés el artículo de "Tribuna Libre" publicado en EL DIARIO MONTAÑES del pasado 13 de marzo, titulado "El abandono del interés general", cuyo autor es Rafael Sebrango Moratinos, presidente de la nueva formación política de Cantabria LA UNION.
El abandono del interés general, la ausencia de perspectiva nacional y el traicionar, vez tras vez, los principios que se dice representar, constituyen las esenciales cuestiones que separan a los ciudadanos de la clase política, a la cual ya no reconocemos como propia, sino como algo realmente extraño a nuestros intereses. Lo que se acrecienta es un sentimiento de orfandad. No tenemos quien nos defienda. Nuestra clase política debería seguir el ejemplo alemán. Allí gobiernan en coalición el partido socialdemócrata (el 'PSOE' alemán, por entendernos) y el partido conservador (el 'PP' alemán), porque han entendido que el interés nacional lo requería. Y lo más importante que ha supuesto esa coalición es la reforma constitucional acometida, consistente, básicamente, en quitarles competencias a los länder (nuestras autonomías), recuperándolas el Gobierno central, para así convertirse en un Estado más eficaz. En España ocurre al revés. Nuestros políticos prefieren, a cambio del trono del poder, pactar con nacionalistas, poniendo en solfa el interés nacional que debieran defender, construyendo así una España injusta, donde ya ningún español recibe un trato igual. Todo depende de la región donde viva.
La autoridad moral y efectiva que han logrado los nacionalistas en España tiene su justa correspondencia con la debilidad mental y moral de los partidos políticos de implantación nacional. Los primeros siempre ganan y los que nos deberían representar a todos, siempre nos quitan algo para dárselo a ellos, porque, que nadie lo dude, cada vez que Cataluña o el País Vasco consiguen algo, nuestro trozo de la tarta se hace más pequeño. Nada sale gratis. Y esto pasó cuando el PP de Aznar no tuvo la mayoría absoluta y dijo aquello de que hablaba catalán en la intimidad y eso ocurre ahora, cuando el PSOE tampoco la tiene y vive entregado al interés particularista de la minoría nacionalista. Lo peor de todo es que tanto el PP como el PSOE tienen camarillas regionales que han visto en las autonomías unos formidables refugios de lujo y de poder. Nada serían personalmente en un ámbito nacional, pero en el regional son realmente 'alguien'. En este ámbito regional, además, se comportan vorazmente. Cada vez quieren más competencias, más presupuesto, en definitiva, más poder. Para ello se traicionan sin tapujos los principios que dicen defender. En esta legislatura es incontestable que el PSOE está entregado, de la forma más notoria que se ha visto en nuestra democracia, a cualquier forma de nacionalismo que se le ponga a la vista, traicionando así los principios inspiradores del socialismo, el de la igualdad efectiva, favoreciendo que haya regiones de primera, de segunda, e incluso de tercera, como la nuestra.
El PP, por su lado, padece una especie de trastorno bipolar. Rajoy y su equipo, que representan nacionalmente un papel que defiende unos principios generales, van por un lado; pero, por otro, están los llamados 'barones' regionales, que van a lo suyo, a costa de lo que sea. Así, es ilustrativo que Piqué considere, ante el anuncio de Ciudadanos por Cataluña de utilizar el español en el debate de investidura del presidente de la Generalidad, que eso puede constituir una provocación. Arenas, por su lado, no duda en aceptar que Andalucía es una realidad nacional, firmando un Estatuto que a casi nadie interesa, en franca imitación al de Cataluña. Para 'arreglarlo', Feijoo, el líder del PP en Galicia, no duda en tildar al Estatuto de Andalucía de 'españolista', afirmando que además contiene demasiadas referencias a la unidad nacional de España. En fin, esto es lo que hay.
Y en mitad de todo esto, los más pequeños, los de menor influencia e importancia política, son los territorios que más sufren: Cantabria sobre todo. La única región española que aún no tiene completada una autovía hacia el centro del país, la única que no tiene ni estudio de impacto ambiental del tren de alta velocidad, la única del Cantábrico que no tiene superpuerto construido o en construcción Además, es la región donde más intensamente se observa la ausencia de defensa del interés general y donde menos se duda en traicionar los principios. Nuestra clase política vive del mito de que más autogobierno es igual a más bienestar, lo cual no es cierto para todos, aunque sí para ellos. En esta legislatura que acaba, los miembros de nuestro Gobierno y altos cargos se han incrementado sus sueldos en un 20%, bajo la disculpa de que así se podía atraer a buenos gestores. Bien, nadie del Gobierno ha cambiado de sitio después de la subida del 20%. Con ella ni el presidente, ni sus consejeros han cambiado, son los mismos, al igual que los directores generales y demás relación de cargos. Ningún fichaje de altos vuelos se ha hecho, porque, evidentemente, la razón esgrimida no era verdad. La única razón era simple: querían cobrar más. Y la oposición calla, pues al fin y al cabo ellos también quieren cobrar esa subida cuando lleguen. Además, desde el año 2002 han incrementado las dotaciones presupuestarias para los grupos parlamentarios en un 42,41%, mientras que el IPC en el mismo período sólo lo ha hecho un 15,8%. Esto es el producto de la última reforma que hicieron del Estatuto de Autonomía: Los diputados pasaron de cobrar dietas por asistencia, a cobrar sueldos fijos. La mayoría han dicho que en la próxima legislatura, después de las elecciones de mayo de este año, van a reformar nuevamente el Estatuto de Autonomía, lo cual harán, obviamente siguiendo la lógica del interés propio de los partidos políticos.
La cuestión que aquí propongo es que los ciudadanos defendamos el interés general y estemos en el Parlamento para controlar al poder y aprovechemos la circunstancia para introducir en el próximo Estatuto cosas de interés, como las listas abiertas en la elección de diputados, la limitación de mandatos de consejeros y diputados a ocho años, la reducción de sueldos, la liberación de Caja Cantabria de cualquier tipo de presencia política, la profesionalización y por tanto liberación política de la Comisión Regional de Urbanismo, etcétera. Y también queremos recuperar un derecho histórico que nos fue arrebatado en la reforma del Estatuto de 1998, como siempre sin consulta previa a la ciudadanía, al suprimir el famoso artículo 58 que contemplaba la incorporación de la Comunidad Autónoma de Cantabria a «otra limítrofe, a la que le unan lazos históricos y culturales», en referencia a la posible integración de Cantabria y Castilla y León. Es decir, que se devuelva a los ciudadanos de Cantabria la posibilidad de poder elegir libremente su futuro y optar por la unión de ambas comunidades, si algún día así lo quisieran la mayoría. Mientras tanto, sellemos un gran pacto de colaboración con Castilla, a ver si entre todos, con sentido y en interés común, nos colocamos en la España que cuenta; porque, ahora, Cantabria ni cuenta ni pesa en España, es más, somos los últimos a tener en cuenta. La autoridad moral y efectiva que han logrado los nacionalistas en España tiene su justa correspondencia con la debilidad mental y moral de los partidos con implantación nacional.
|
|
| |
 |
Votos del Artículo |
 |
|
Puntuación Promedio: 0 votos: 0
|
|
|
 |
|